La intuición que cambió la historia
Lambert no era diseñadora ni editora. Era estratega. Había estudiado arte en Chicago y entendía la moda como cultura antes de que la industria la legitimara como tal. Cuando la Segunda Guerra Mundial impidió que periodistas estadounidenses viajaran a París para conocer las colecciones europeas, vio una oportunidad histórica.
En 1943 organizó la primera Press Week en Nueva York: una semana dedicada exclusivamente a mostrar el trabajo de diseñadores estadounidenses a la prensa local e internacional. No fue simplemente un calendario de desfiles; fue una declaración política y cultural.
La iniciativa permitió que nombres como Claire McCardell y Norman Norell recibieran atención global, y sentó las bases de lo que hoy conocemos como New York Fashion Week.
Nueva York dejó de ser espectadora. Se convirtió en protagonista.

Institucionalizar la moda: el nacimiento del CFDA
Lambert entendió algo crucial: para que una industria madure necesita estructura. En 1962 impulsó la creación del Council of Fashion Designers of America (CFDA), una entidad destinada a apoyar, profesionalizar y dar visibilidad a los diseñadores estadounidenses.
El CFDA no solo consolidó una red de talentos, sino que también estableció premios anuales que funcionan como los “Oscar” de la moda en Estados Unidos. Con esta movida, Lambert transformó un conjunto disperso de creadores en una comunidad organizada con identidad propia.

La lista que definió el estilo global
En 1940 creó la International Best Dressed List, un ranking anual que celebraba a las personalidades mejor vestidas del mundo. Más que un listado frívolo, funcionaba como termómetro cultural: allí convivían aristócratas, actrices, primeras damas y figuras influyentes.
La lista no solo consagraba elegancia; moldeaba el imaginario del estilo internacional y convertía a la moda en conversación pública.

La noche que unió moda y arte
En 1948, Lambert ideó un evento benéfico para recaudar fondos para el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Aquella cena evolucionaría hasta convertirse en la actual Met Gala, la alfombra roja más influyente del calendario internacional.
Su idea fue visionaria: legitimar la moda dentro del circuito artístico. Lo que comenzó como una cena formal se transformó, décadas más tarde, en una plataforma de narrativa visual y poder cultural.

La arquitecta invisible del poder fashion
Eleanor Lambert falleció en 2003 a los 100 años. Para entonces, Nueva York era una de las cuatro capitales indiscutidas de la moda junto a París, Milán y Londres. Su nombre no suele aparecer en etiquetas ni campañas, pero su influencia es estructural.
No diseñó vestidos. Diseñó sistema.
No caminó pasarelas. Construyó el escenario.
En plena temporada de desfiles neoyorquina, recordar a Lambert es recordar que la moda no se sostiene solo en creatividad, sino también en visión estratégica. Y que, a veces, quien transforma una industria no es quien crea la prenda, sino quien entiende cómo contarla al mundo.


.png)
.png)
.png)