El cuerpo que cambió sin avisar
En Manhattan, el talle S se convirtió en el más vendido entre las mujeres. Comparado con 2022, las ventas de camisas de mujer en talles pequeños (XXS, XS y S) aumentaron un 12% en 2024, mientras que las ventas de talles grandes (XXL, XL y L) cayeron casi un 11%. No es una tendencia de temporada ni un capricho del mercado: es el Ozempic —y toda la familia de fármacos GLP-1— transformando el cuerpo de las consumidoras en tiempo real.
El uso de drogas GLP-1 para bajar de peso está empezando a tener un impacto concreto en las tallas solicitadas en el mercado estadounidense, generando un desajuste entre la oferta existente y la demanda actual que los retailers no anticiparon. Según un estudio de Impact Analytics, los minoristas podrían enfrentar un golpe de hasta 5.000 millones de dólares en márgenes para 2027 si no recalibran sus curvas de talle.
"Ozempic está trastocando la curva de tallas de América a una velocidad que los procesos tradicionales de planificación del retail no pueden seguir", advirtió Prashant Agrawal, CEO de Impact Analytics.

El retail que llega tarde
El problema no es solo de volumen: es de timing. Los planes de talle basados en las ventas del año anterior o en intuición ya no alcanzan. Con los cuerpos y las preferencias de fit en evolución constante, el mayor riesgo es equivocarse en el mix de talles: demasiado de lo que no se vende, demasiado poco de lo que se agota.
Las marcas con mayor visión están ajustando sus curvas de talle con datos en tiempo real: rastrean ventas y devoluciones por talle y producto, detectan cambios temprano y ajustan los pedidos antes de cerrar la próxima temporada. Pero son las menos. La mayoría del retail masivo sigue planificando con parámetros del 2022, mientras sus clientas llevan prendas del 2024.
Con Ozempic y los fármacos AOM (anti-obesity medications) provocando pérdidas de peso de entre el 10 y el 20% del peso corporal, la demanda de talles grandes está en retroceso, y quienes los toman están comprando con menor frecuencia en tiendas especializadas en talles grandes.
La pasarela que mira hacia atrás
El impacto no se limita al retail. En las pasarelas, el efecto es aún más visible —y más incómodo. De los 9.038 looks analizados en las Fashion Weeks de Nueva York, Londres, Milán y París para la temporada Primavera/Verano 2026, el 97,1% presentó modelos de talle muy pequeño (US 0-4). Los modelos de talle regular representaron apenas el 2%, y los plus-size, solo el 0,9%.
Nueva York, que contó con 70 modelos plus-size en 2023, tuvo solo 23 en la edición más reciente. En el London Fashion Week de septiembre de 2024, 80 modelos de talle grande desfilaron; este año fueron apenas 26. La progresión —y la involución— es elocuente.

Lo que comenzó como un avance médico para tratar condiciones metabólicas ha entrado ahora al vocabulario de los directores de casting, las agencias de modelos y los fitting de pasarela. El resultado es una industria en un momento de contradicción profunda: nunca habló tanto de diversidad, y raramente sus pasarelas la reflejaron tan poco.
Inclusividad interrumpida
Después de años de conversaciones muy ruidosas sobre representación, las pasarelas de esta temporada retrocedieron a un manual más antiguo: show tras show, la misma silueta en talle muestra, sin variación visible en los tipos de cuerpo.
La disminución en el uso de modelos plus-size refleja una normalización más amplia de la delgadez en Hollywood y la cultura mainstream, impulsada en parte por el uso de fármacos GLP-1 como Ozempic. Las grandes casas de moda, señalan desde la industria, son las que menos esfuerzo han hecho —y son las que marcan el ejemplo para las marcas emergentes.
La diseñadora Karoline Vitto señaló que no es casual que las marcas con mayor diversidad corporal estén lideradas por mujeres, y remarcó el peso de la experiencia personal en esa decisión creativa.
Una industria que debe moverse más rápido que el peso
El verdadero problema no es la droga en sí: es la velocidad del cambio, y cuán rápido están evolucionando las necesidades de las consumidoras. Ozempic simplemente aceleró un movimiento que ya estaba en marcha: cuerpos más dinámicos, preferencias de fit en transformación y presión creciente sobre sistemas de producción que quedaron desactualizados.
La moda no necesita entrar en pánico. Pero sí necesita dejar de planificar para la clienta de hace tres años. El cuerpo que viste hoy no es el mismo que vestirá mañana —y la industria, por primera vez en décadas, tiene que aprender a moverse a su ritmo.



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